Siniestralidad vial en El Salvador: cómo se compara con la región
El Salvador registra 21,5 muertes viales por cada 100.000 habitantes según la OMS, ubicándose en el tercer lugar entre 19 países de América Latina. Un análisis comparativo que examina dónde está parada la región frente al flagelo vial.
El Salvador ocupa el tercer lugar en el ranking de siniestralidad vial de América Latina, con una tasa estimada de 21,5 muertes por cada 100.000 habitantes según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para 2021. Esta cifra coloca al país centroamericano por encima del promedio regional y muy lejos de las naciones con mejores resultados en la materia.
El Salvador en el contexto regional
Según el indicador «Estimated road traffic death rate» del Global Health Observatory de la OMS (código RS_198), El Salvador registró una tasa de 21,5 víctimas fatales por cada 100.000 habitantes en 2021, solo superado en la región por República Dominicana (27,4) y Ecuador (23,4).
Para poner esta cifra en perspectiva: El Salvador se encuentra considerablemente por encima del promedio regional, que alcanza las 15,0 muertes por cada 100.000 habitantes (OMS 2021). La mediana del conjunto de 19 países latinoamericanos analizados es de 13,6, lo que significa que más de la mitad de los países de la región exhiben tasas menores que las salvadoreñas.
La brecha con los países de mejor desempeño en la región es significativa. Cuba, con 5,4 muertes por cada 100.000 habitantes, lidera el ranking regional con la tasa más baja. Panamá (7,3) y Argentina (8,8) completan el podio de naciones con menores índices de mortalidad vial en América Latina.
El ranking completo de América Latina
El análisis de la OMS abarca 19 países de la región y revela una enorme disparidad. Entre el país con peor desempeño (República Dominicana, 27,4) y el de mejor resultado (Cuba, 5,4) existe una diferencia de 5,1 veces. Esta variación refleja no solo diferencias en volumen de tránsito o parque vehicular, sino fundamentalmente brechas en políticas públicas, control y fiscalización.
El Salvador comparte el grupo de tasas más altas junto con Paraguay (21,0), Honduras (18,5) y Bolivia (17,6). Por debajo, pero aún por encima del promedio regional, se ubican Colombia (16,2), Brasil (15,7) y Costa Rica (15,5).
En la mitad de la tabla aparecen Nicaragua (13,6), Venezuela (13,2), Uruguay (13,0), Perú (12,7) y Guatemala (12,6). México, con 12,0 víctimas por cada 100.000 habitantes, se encuentra levemente por debajo del promedio regional.
Chile (10,3), Argentina (8,8), Panamá (7,3) y Cuba (5,4) conforman el grupo de países con las tasas más bajas de América Latina, aunque ninguno alcanza los estándares de los países líderes a nivel mundial.
La distancia con los referentes mundiales
Cuando se compara el desempeño de El Salvador con las naciones que han logrado reducir drásticamente su siniestralidad vial, la brecha es aún más marcada. Noruega registra 1,5 muertes por cada 100.000 habitantes (OMS 2021), Suecia 2,1 y Reino Unido 2,4. Estos países han implementado durante décadas políticas integrales de seguridad vial que incluyen infraestructura diseñada bajo el paradigma de Visión Cero, fiscalización intensiva mediante tecnología, educación vial desde la infancia y marcos regulatorios estrictos.
La tasa de El Salvador es 14 veces superior a la de Noruega y 10 veces superior a la de Suecia. Esta diferencia no es producto únicamente del desarrollo económico: refleja décadas de inversión sostenida en prevención, control de velocidad, separación de flujos vehiculares y peatonales, y diseño vial que prioriza la protección de usuarios vulnerables.
¿Qué explica estas diferencias en la región?
Los países con mejores desempeños en América Latina comparten ciertos rasgos comunes: controles de alcoholemia sistemáticos, uso de radares automáticos, normativas de límites de velocidad en zonas urbanas que priorizan la seguridad peatonal, y registros estadísticos más completos que permiten diseñar políticas basadas en evidencia.
Cuba, por ejemplo, mantiene un control estatal riguroso del tránsito y una baja tasa de motorización. Argentina ha logrado reducir su tasa oficial en las últimas dos décadas, aunque persisten diferencias metodológicas entre fuentes: mientras la Agencia Nacional de Seguridad Vial (ANSV) reportó 4.327 muertes en 2025, la organización Luchemos por la Vida estima 7.117 víctimas fatales para el mismo año, una brecha del 64% que refleja problemas de subregistro (ANSV 2025; Luchemos por la Vida 2025).
Chile ha implementado reformas progresivas en su infraestructura vial urbana y en los últimos años ha aumentado la fiscalización mediante sistemas automáticos de control de velocidad. Panamá, por su parte, ha invertido en mejoras de su red vial principal y en campañas de concientización sostenidas.
Factores de riesgo compartidos en la región
A pesar de las diferencias entre países, América Latina comparte ciertos patrones de siniestralidad. El consumo de alcohol al volante, el exceso de velocidad, la baja tasa de uso de casco en motociclistas y la informalidad en el transporte público son factores recurrentes en toda la región.
En Argentina, por ejemplo, el 42% de las víctimas fatales viajaba en moto, pese a que este vehículo representa solo el 14% del parque automotor, lo que implica una sobre-representación de tres veces (ANSV 2025). El 79% de las víctimas son varones y el 41% tiene entre 15 y 34 años, un patrón demográfico que se repite en varios países de la región (ANSV 2025; Luchemos por la Vida 2025).
El domingo es el día con mayor concentración de víctimas: el 28% de las muertes viales ocurre ese día, y la franja horaria del domingo entre las 4 y las 8 de la mañana concentra por sí sola el 11% de las víctimas anuales (ANSV 2024). Estas cifras sugieren que el consumo de alcohol en contextos recreativos nocturnos es un factor determinante en la región.
El desafío de la comparabilidad de datos
Un obstáculo importante para el diseño de políticas públicas en la región es la falta de homogeneidad en los registros estadísticos. La OMS estima las tasas de mortalidad vial ajustando por subregistro, lo que puede generar diferencias con las cifras oficiales de cada país. Estas estimaciones son comparables entre naciones, pero no siempre coinciden con los datos que reportan los gobiernos locales.
En el caso argentino, la brecha entre la cifra oficial de la ANSV (4.327 muertes en 2025) y la estimación de Luchemos por la Vida (7.117 muertes) revela que el subregistro es un problema grave incluso en países con instituciones estadísticas relativamente desarrolladas. Esto sugiere que las cifras oficiales de otros países de la región también podrían estar subestimando la magnitud del problema.
¿Es posible revertir la tendencia?
Argentina logró reducir sus muertes viales en un 43% entre 2008 y 2025, pasando de 7.557 víctimas fatales a 4.327 según la serie histórica de la ANSV. Esta reducción demuestra que es posible revertir la tendencia incluso en contextos de crecimiento del parque automotor y sin alcanzar niveles de desarrollo económico equivalentes a los de Europa.
El compromiso de Argentina de reducir un 50% las muertes viales para 2030 respecto de 2020 (ANSV 2025) se alinea con la meta global de la Década de Acción para la Seguridad Vial de Naciones Unidas. Doce provincias argentinas ya aplican alcoholemia cero hasta abril de 2026, una medida que en otros países ha demostrado eficacia en la reducción de víctimas.
Para El Salvador y otros países con tasas superiores al promedio regional, la experiencia de Cuba, Chile, Argentina y Panamá sugiere que es posible avanzar sin esperar un salto económico previo. Las medidas clave incluyen:
- Fiscalización sostenida de alcohol al volante, especialmente en horarios nocturnos de fin de semana.
- Control automático de velocidad en rutas y zonas urbanas.
- Infraestructura que proteja a peatones y ciclistas (veredas, cruces peatonales elevados, ciclovías segregadas).
- Regulación estricta del uso de casco y elementos de seguridad en motociclistas.
- Campañas de concientización basadas en datos locales y sostenidas en el tiempo.
- Registros estadísticos completos y públicos que permitan identificar puntos críticos y grupos de riesgo.
Conclusión
El Salvador enfrenta un desafío considerable en materia de seguridad vial. Con 21,5 muertes por cada 100.000 habitantes, el país se ubica en el tercer lugar del ranking latinoamericano, muy por encima del promedio regional de 15,0 y a una distancia enorme de los referentes mundiales.
Sin embargo, la experiencia de países de la región demuestra que es posible reducir drásticamente la siniestralidad vial mediante políticas sostenidas, fiscalización efectiva y mejoras en infraestructura. El camino es largo, pero los datos regionales ofrecen tanto una advertencia como una hoja de ruta: lo que está en juego no son solo cifras estadísticas, sino miles de vidas que podrían salvarse cada año.
·Preguntas frecuentes.
¿Por qué la tasa de El Salvador es tan diferente de la de Cuba si ambos son países centroamericanos?
¿Son confiables las cifras de la OMS?
¿Qué medidas han funcionado en los países con mejores resultados de la región?
¿Cuánto más peligroso es El Salvador que Argentina?
·Fuentes citadas.
- Organización Mundial de la Salud (OMS) — Estimated road traffic death rate (per 100 000 population), indicador RS_198, datos 2021 para 19 países de América Latina y referentes mundiales
- Agencia Nacional de Seguridad Vial (ANSV) — 4.327 muertes viales en Argentina (2025); serie histórica 2008-2025; datos de víctimas en moto (42%), varones (79%), franja etaria 15-34 años (41%), domingo (28%)
- Luchemos por la Vida — 7.117 muertes viales estimadas en Argentina (2025); brecha del 64% con cifra oficial; datos demográficos de víctimas